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Pena, asco y esperanza.
Escribo este mail el lunes a las 8h de la mañana, con pena, siguiendo las noticias sobre el accidente de tren y sus víctimas.
Es el tren que cojo habitualmente para ir de Sevilla a Madrid. Tenía billete para mañana, es decir, para el día que estás leyendo este mail.
A estas horas están hablando de 39 fallecidos y un montón de heridos, algunos graves. Pero todavía no tienen el recuento total de muertos porque parece que hay algún vagón al que todavía no han podido acceder.
El accidente fue ayer por la tarde, y hoy por la mañana aún no han accedido a algunos vagones, no hay recuento de fallecidos, la asistencia fue insuficiente y lenta, y suerte tuvieron los afectados de los vecinos de los pueblos cercanos.
Una persona poco ambiciosa puede pensar que es la respuesta correcta, pero no lo es.
Frente a una situación así, hay que enviar inmediatamente helicópteros, decenas de autobuses y centenares de ambulancias. Despejar la zona lo antes posible para atender a los heridos inmediatamente y dejar a los profesionales trabajar, enviando a cientos de bomberos, guardias civiles y desplegar al equipo de profesionales de emergencias del ejército (de los cuales solo fueron 40 profesionales). Si hay 500 afectados, hacen falta muchos más profesionales en la zona, atendiendo, movilizando, trabajando en el rescate temprano. Y, por supuesto, para ello hay que haber invertido previamente en grandes equipos profesionales especializados, con acceso a recursos casi ilimitados y en tener material y herramientas lo suficientemente contundentes como para atender emergencias de este calibre.
Pero la realidad es la de siempre, una respuesta lenta, tardía, disfuncional, la gente apañándosela como puede, poniendo su esperanza en particulares y profesionales carentes de los recursos necesarios, y muchos fallecidos que podrían haberse salvado de no tener a estos políticos inútiles robando y prestando atención a sus propios intereses.
Y da mucho asco ver que ahora toca silenciar. Aún no se han encontrado todos los cadáveres, pero lo importante es que Marlaska y Pedro Sánchez van para allá, ya están con las ruedas de prensa, con las hipótesis y con el ruido que ensordece lo que realmente ha pasado.
Hay ingenieros compartiendo publicaciones en las que, desde hace tiempo, avisan del estado de las vías, del poco mantenimiento, de problemas de vibraciones excesivas y avisando de que habrá un accidente si no se repara.
Pero no importará, porque nadie atenderá al problema real de las vías, del mantenimiento, de la responsabilidad de quienes tienen que cuidar que esto no pase. Se echarán las culpas unos a otros, crearán hipótesis absurdas alegando cualquier cosa que les exculpe y no se llegará a nada. Distraerán la atención y a otra cosa.
No habrá responsables ni consecuencias, igual que ha pasado con la DANA, en la que se dejó a la gente sola, a los fallecidos enterrados en sus casas durante semanas, sin la atención ni la ayuda necesaria, ya que lo importante fue tapar lo ocurrido, ocultando los cientos o miles de muertos que hubo para no tener que asumir de nuevo su responsabilidad.
Frente a tanta pena y asco, por suerte siempre queda la esperanza de que las personas, las reales, las de verdad, siempre están a la altura de ayudar y cuidar en estas situaciones tan terribles.
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